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Moda y belleza

El síndrome de Hikikimori también llamado síndrome de reclusión

Lic. Patricia Gubbay de Hanono

Directora de Hémera

Centro de estudios del estrés y la ansiedad

www.hemera.com.ar / info@hemera.com.ar

En Japón se acunó el nombre de Hikikimori para señalar a aquellos jóvenes que deciden recluirse en su casa terminando por encerrarse en su habitación por largos periodos de tiempo, que pueden llegar a extenderse, hasta los dos años o más.

Kazuo es un joven de 20 años que ante las altas exigencias de la universidad y el acoso que sufrió por parte de sus compañeros de estudio, optó por ir aislándose paulatinamente del mundo externo. Primero decidió dejar de ir a la universidad, después dejó de ver a sus amigos, y por último terminó encerrado en su casa. Ese aislamiento fue creciendo y llegó a traspasar los límites de cualquier situación familiar normal. Ya no solo no ve a nadie del mundo exterior, sino que también se ha apartado de sus hermanos y de su padre. La madre es la única persona que tiene trato con él (si es que se puede llamar trato a llevarle la comida todos los días o a intercambiar algunas palabras detrás de la puerta). Kasuo no sale de su habitación ni permite que se la limpien. Puede estar sin bañarse meses enteros y si va al baño decide hacerlo rápidamente para no encontrarse con su familia en el pasillo.

De día generalmente duerme y durante la noche se pone a ver televisión, a ver películas y a jugar con los video- juegos. La madre está muy preocupada, no sabe qué hacer. Nadie en el edificio sabe que su hijo está encerrado en la habitación sin salir desde hace dos años. Sufre secretamente lo que para ella es una vergüenza y ya no sabe cómo lidiar con ese hijo que aparentemente está enfermo, pero que ella no conoce el nombre de la enfermedad. Ya no sabe que hacer con ese hijo que no le habla y no contesta sus preguntas. Ella se siente culpable de no poder resolver la situación.

síndrome de Hikikimori

Ella no sabe que su hijo no es el único que está sufriendo el síndrome de Hikikimori, ignora que puede consultar a un psicólogo que puede guiar al hijo y a la familia en la salida de ese aislamiento y en su posterior inserción en el mundo exterior. El proceso no es fácil porque Kasuo ha perdido muchas habilidades sociales. El no estar en contacto con otros le puede producir ansiedad o temor cuando se enfrente a los demás. También deberá recuperar el tiempo perdido en la universidad.

Hoy en día más de un millón de japoneses sufren de éste síndrome. La edad de éstos jóvenes ronda entre los 17 y los 30 años. Todos ellos comparten la misma conducta de encerrarse por largos períodos de tiempo. La habitación termina siendo como una cárcel, pero en este caso es autoimpuesta y no participan de las normas sociales establecidas. Ante la pregunta si esto puede deberse a un cuadro de ansiedad social, donde el temor a ser evaluado negativamente por los demás y de padecer síntomas como sudoración, palpitaciones, ruboración, sensación de falta de aire etc., la respuesta es negativa, ya que quien lo padece no quiere saber nada con el mundo que le toca vivir, a diferencia de quienes tienen Ansiedad Social que quieren ser parte, pero no pueden. También existen otros cuadros, donde aparece el síntoma de apartarse del mundo y de quedarse en un lugar seguro, como en el trastorno de pánico con agorafobia, la depresión, el trastorno de personalidad por evitación, incluso la esquizofrenia. Todos ellos tienen criterios de diagnósticos muy diferentes a este síndrome. Dejando la patología y observando la conducta de los adolescentes, también vamos a encontrarnos con similitudes como las de quedarse encerrado en el cuarto por varias horas, mirando televisión, o jugando con los video-juegos sin querer interactuar con la familia. Pero la frecuencia y la intensidad de éstas tienen diferencias muy importantes con el cuadro al que nos estamos refiriendo en cuestión.

Estos jóvenes, en general, duermen durante el día y durante la noche ven televisión, miran películas, escuchan música, y juegan con video-juegos. En casos muy extremos, pueden quedarse durante horas mirando un punto fijo. En general, pierden interés por su apariencia e higiene personal. Acumulan, no tiran nada y sus habitaciones terminan llenas de basura. Los padres de estos jóvenes se avergüenzan de tener un hijo que muestre este tipo de conducta, tratan de ocultárselo a sus vecinos por considerar este comportamiento como raro e inadmisible. No buscan ayuda psicológica hasta después de un tiempo prolongado, porque piensan que es algo que deben superar por sí solos. Piensan que es un problema interno de la familia y que regresarán a la vida social por propia voluntad luego de haber atravesado el proceso correspondiente.

Podemos preguntarnos acerca de las causas que pueden llevar a un joven a aislarse de esa manera. Se ha comprobado que muchos de estos jóvenes son objetos de burla o bullying en la escuela (acoso escolar, conductas discriminatorias o agraviantes para un joven).

El bullying, junto con el rígido sistema educativo en Japón, puede traducirse en deserción escolar que en general es la primera manifestación de una conducta de aislamiento. Aquellos que no pueden cumplir con el alto rendimiento académico y laboral que les exige esa cultura pueden sentir vergüenza y es esta la emoción que puede detonar este síndrome.

¿Cuáles son las consecuencias que puede haber de un encierro prolongado?

La falta de contacto con sus semejantes hace que un Hikikimori pierda habilidades sociales, años de estudio y referentes morales. El único marco de referencia que conocen es el de la televisión y los video-juegos. Volver a insertarse en la sociedad resulta un problema difícil de solucionar por las habilidades sociales que han perdido y por las años de estudio que les falta.

¿Cuál es entonces el tratamiento para ayudar a estos jóvenes?

Existen distintas formas de abordar este problema. Desde el punto de vista oriental los especialistas acuerdan en que se debe mantener el contacto con ellos sin obligarlos a salir del encierro. Piensan que a la larga solucionarán el problema y que luego, de manera progresiva, se irá integrando a la sociedad a la cual forma parte. En occidente tenemos la idea de que se debe evitar este tipo de comportamientos y en consecuencia se recurre rápidamente a la ayuda psicológica. Muchas veces se decide la hospitalización del paciente donde se lo medica con ansiolíticos y antidepresivos combinado con un tratamiento psicológico que lo ayude a hacerle frente a los problemas.

En Argentina, también, existen casos y este fenómeno parece que avanza y se instala con mucha rapidez. Sin embargo, la cantidad de casos registrados en Japón no tiene comparación con los de otros lugares del mundo.

¿Qué pueden hacer los padres?

Los padres deben estar atentos a este tipo de comportamientos porque es progresivo. Cuando un joven comienza a desinteresarse por actividades que antes atraían su atención, optando más bien por alejarse de sus amigos, puede que sea el comienzo de este síndrome.

Si bien la conducta de encerrarse en la habitación es común en la adolescencia cuando ésta es muy frecuente y el tiempo comienza a ser cada vez mayor es necesario que los padres estén atentos y consulten con un especialista antes de que el joven pueda llegar a cortar la comunicación con el mundo.

Los padres no deben permitir que su hijo decida no ir más a la escuela, por ejemplo, o que esté frente a la computadora en forma excesiva. Los límites son necesarios para acompañar a nuestros hijos a transitar la etapa donde un joven debe insertarse en el mundo adulto exterior. Deben hacer lo que haga falta hacer para que sus hijos se comprometan con la tarea de ser jóvenes adultos e independientes.

Conclusión

El Síndrome de Hikikimori parece ser una nueva patología, ya que no responde a los criterios que existen para denominar otros trastornos. En nuestro país existen casos que responden al conjunto de síntomas que forman parte de éste síndrome.

Tal vez éstos jóvenes sean los que con su conducta estén denunciando a una sociedad deshumanizada que convierte a sus miembros en autómatas o consumistas y dónde los vínculos son cada vez más superficiales.

Es necesario que reflexionemos acerca de los valores que imperan en la sociedad actual. Es indispensable que pensemos en el sentido que le damos a nuestras vidas y la de nuestros hijos, para que éstos no decidan pensar en recluirse como única opción para evitar el sufrimiento que genera la vergüenza por no estar a la altura de lo que se espera de ellos.