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Algunas reflexiones sobre el duelo

Lic. Gisela Holc

Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad

www.hemera.com.ar / info@hemera.com.ar

Estamos acostumbrados a escuchar hablar de duelo en relación a la muerte de un ser querido, quién no escucho la frase: “está de duelo porque falleció el abuelo”, o bien, “no voy a la fiesta porque estoy de duelo”.

En este sentido, cabe decir que el duelo es la respuesta normal ante un fallecimiento, pero el duelo no es exclusivo frente a la muerte. Hay otras situaciones de la vida cotidiana que también nos confrontan con la tristeza típica del duelo como por ejemplo: el enfrentar un proceso de separación o divorcio, irse del país, perder el trabajo, pelearse con un amigo, caída del nivel social, cambio de escuela para un chico, mudanzas, pérdida de alguna función vital (vista, audición, etc.), alguna amputación física, etc.

Se debe pensar el duelo no únicamente como respuesta a una muerte sino como respuesta adaptativa a una pérdida o a un cambio. Digo respuesta adaptativa porque pasar por un duelo es lo normal y esperable ante una pérdida y en este sentido lo esperable en estas situaciones es encontrarse con mucha tristeza y desgano. A continuación describiré los diferentes síntomas o manifestaciones que pueden ocurrir y que son indicadores de estar en medio del proceso de duelo. Cabe destacar que el duelo es un proceso y no un hecho aislado. Pueden darse más de un síntoma o bien uno solo pero sí es importante pensar que esto se da en un tiempo a transcurrir y no en un día.

Algunas reflexiones sobre el duelo

Las reacciones del duelo se pueden ver reflejadas en diferentes áreas:

· A nivel de síntomas físicos: suele aparecer dolores o molestias de estómago, opresión de pecho, hipersensibilidad al ruido, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía. Pueden aparecer trastornos en el sueño o en la alimentación así como llantos repentinos, suspiros y/o mucho cansancio, entre otros.

· A nivel emocional puede aparecer: tristeza, dolor, enojo, rabia, culpa, reproches, impotencia y también alivio. Este último muchas veces cuesta reconocerlo, tanto en público como en privado por la culpa y la vergüenza que reconocer este sentimiento conlleva. Pero es importante aclarar que la finalización de situaciones que generaban estrés, tensión, preocupación y tristeza suelen estar acompañadas de este alivio.

· A nivel cognitivo, la persona suele sentirse abatida, agobiada, confundida, cansada, con muchas preocupaciones, con dificultad para concentrarse, para prestar atención, para pensar. Esto les sucede tanto a los niños como a los adultos y se observa en tareas cotidianas como dificultad para terminar una tarea tanto laboral como escolar, la imposibilidad de leer un libro aunque sea por elección, la dificultad de retener datos en la memoria, etc.

Todas estas son características del proceso normal de duelo, que aunque sea normal no quiere decir que no duela. El duelo, duele. Pero quien haya atravesado uno sabe que así como es inevitable entrar en la tristeza, también de ella se sale. Atravesar un duelo es como entrar en un túnel, al principio se ve todo negro, parece que no hay salida, que no se termina, que todo allí es oscuro, que los sonidos retumban, pero a medida que se va avanzando se empieza a vislumbrar una luz al final del camino. Lo mismo sucede en el proceso de duelo. Si se lo atraviesa normalmente, se entra y luego se sale.

En cambio, llamamos al duelo disfuncional cuando la persona queda atascada en alguna etapa del proceso o bien cuando su duración o intensidad son desmedidas. Podemos ver duelos patológicos por su aparición retrasada en el tiempo. Es decir, cuando la tristeza -o cualquiera de los otros síntomas- aparecen bastante tiempo después de generada la pérdida y donde aparentemente no se encuentra sentido o motivo a la tristeza en la actualidad de la persona porque el motivo de su tristeza esta atrás en el tiempo y no en el presente. Son duelos crónicos y se observan en personas que no logran recuperarse y “salir del túnel”.

Ejemplo clínico: una paciente, mujer de 48 años, que después de tres años de haber perdido a su padre tras una larga enfermedad, no logra retomar su vida normalmente. Ha renunciado a su trabajo como secretaria de un médico, con el costo económico que esto le implica pero no pudiendo hacerse cargo de la rutina ni de las obligaciones, como así tampoco pudiendo mantener sus vínculos sociales y habiendo comenzado a tener problemas de pareja porque su marido le reclama no ser la de antes.

Hay veces que pérdidas actuales o recientes activan o despiertan pérdidas pasadas aun sin elaborar. En esta paciente lo que estaba sin resolver era la pérdida de su madre, fallecida cinco años atrás. Cuando ella fallece la paciente tenía un bebe de 8 meses y la dedicación a su hijo no la permitió conectarse emocionalmente con la muerte de su madre. En aquel momento se produjo un mecanismo de congelamiento de sus emociones pues “no tengo tiempo de estar triste, de llorar porque ahora el que llora todo el tiempo es mi bebé y yo tengo que estar bien para él”. Esto que aparentemente fue adaptativo en el momento, detonó con la muerte del padre años después.

Hay duelos más complicados de elaborar y esto sucede cuando:

· Cuando el vínculo con la persona perdida era malo, ambivalente u hostil. Si el vínculo era bueno, de amor, el duelo será más triste pero mejor elaborable. Cuando la relación era de mucha dependencia también dificulta su elaboración. Son bastante comunes en este sentido vínculos de padres e hijos basados en la pelea, los reproches, donde hay deudas amorosas, donde quedaron conflictos sin resolver o palabras por decir, en estos casos habrá que estar atento a como se transita el proceso de duelo.

· Es muy difícil elaborar las pérdidas inciertas, como ser los desaparecidos, tanto producto de la dictadura como de accidentes donde no hay evidencia de su muerte.

· Cuando hay pérdidas múltiples, como por ejemplo en accidentes, atentados y en el mismo acto una persona pierde a varios seres queridos simultáneamente.

· Personas que tienen baja tolerancia a la frustración o le cuesta enfrentar situaciones problemáticas, le costara más elaborar un duelo.

Las separaciones o divorcios suelen ser acontecimientos de un impacto emocional tan grande que muchas veces genera duelos difíciles de elaborar pues en la separación son varias las aéreas de la vida que se ven modificadas. Desde la rutina cotidiana donde necesariamente deben cambiar las tareas y funciones que uno tenía en la pareja y familia. Por ejemplo, las madres que se quedan a cargo de los hijos que deben hacerse cargo de todas las tareas cotidianas, llevar y traer, cocinar y ordenar, hacer bañar y organizar la tarea escolar de los hijos así como contenerlos en la tristeza producto de la ruptura familiar. Además, tienen la necesidad de incrementar los ingresos económicos, enfrentar a la sociedad en forma individual, ir a reuniones familiares o con amigos sola, en cuanto a la identidad ya no es la “señora” de nadie y deberá volver a utilizar el apellido de soltera en lugar del de casada.

Si bien el ejemplo fue formulado en femenino la misma situación involucra a los hombres, que tendrán en enfrentarse a tareas que antes delegaban en sus esposas. Ya nada será como antes y esa ilusión de familia unida que alguna vez motivó a esta pareja ahora deja lugar a momentos de soledad o replanteo de una vida diferente con nuevos escenarios.

Tips para pasar un duelo:

· El duelo es un proceso individual pero es bueno atravesarlo acompañado.

· Es importante y necesario hablar de lo que a uno le pasa.

· Es necesario enfrentar el dolor para atravesarlo.

· Es importante poder despedirse de la persona fallecida. Si no hubo posibilidad de hacerlo en vida, es bueno crear algún ritual o situación metafórica para poder hacerlo, aunque sea en la intimidad de uno mismo.

· Habilitar y dar permiso para la tristeza. Para poder salir de la tristeza, hay que poder entrar en ella.

· Registrar qué necesitamos y poder pedirlo a nuestros familiares y amigos.

Una tarea que debe realizar la persona en duelo es aprender a vivir con la ausencia. Esa ausencia se transforma en presencia: cuando la familia se reúne para un evento, la silla vacía que representa la ausencia también puede ser pensada como que representa la presencia de quien se fue, porque al ver el vacio inevitablemente pensamos en esa persona, entonces esa ausencia se convierte en representante de una presencia.

Para muchas personas es sumamente difícil acompañar a un ser querido en un momento así, a veces es más fácil soportar el dolor propio que acompañar el dolor de alguien querido. Y al no saber cómo hacerlo cometen errores sin mala intención. Por ejemplo, cuando la familia y amigos no pueden ver a su pariente tirado en la cama, sin ganas de nada y al no sabe como acompañar en su dolor piensan que es mejor negarlo, no hablar de eso, distraerlo e incitarlo a salir. La persona triste se siente no comprendida, presionada, no respetada. Para ello la persona que sufre debe aprender a pedir lo que necesita, poder explicitar como quiere ser acompañado, es bueno para este momento. No pretender que el otro me de lo que necesito. Si se lo que necesito, puedo pedirlo.

Es común que la persona que está en duelo se autoexcluya o autoaísle, pero esto no es bueno. Suelen creer que la gente no los va a entender y tal vez tengan razón, pero saber pedir lo que uno necesita le permite al otro saber que dar, ya que no todos necesitan lo mismo frente al mismo dolor.

En los momentos de mayor tristeza es importante no perder el sentido de la vida y poder pensar el futuro con esperanza.